Emocionar con letras

Quizás debas saber que el título original de este post era “consejos para un copywriting emocional”. Sí, mi misión es hablarte de emocionar escribiendo. Pero antes, me gustaría invitarte a un paseo hacia lo profundo, allá donde aun siendo seres completamente diferentes, encontremos una raíz común. Un lugar donde los dos hayamos estado y nos podamos reconocer. Porque estoy segura de que este viaje sólo puede entenderse desde esa verdad. Y por ello, me siento más honesta hablándote de emocionar con letras que de consejos para redactar un copywriting emocional.


Hacia lo excepcional

Tuve un profesor de escritura creativa (gracias, Don Clemot) que nos motivaba contándonos que, cuando Hemingway escribía, se inspiraba en desvelar algo inaudito y extraordinario, una especie de secreto que unía al lector y escritor en cierta complicidad, haciendo de sus palabras un mensaje mágico y revelador. 

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Y aunque nunca haya encontrado la fuente que así lo relatadicho sea, mediante búsquedas bastante más amateurs el caso es que, venga de Hemingway o no, creo que éste es el punto base para crear algo entre lector y escritor: trazar cada letra bajo la firme creencia de que estamos contando algo excepcional. Porque realmente, si tú no le das ese valor a tus textos, ¿crees que alguien se lo va a dar? Vamos. ¡Cree en ti!


Donde todos hemos estado 

Hagamos un experimento. Si abrimos un libro y encontramos una serie de párrafos en una lengua que desconocemos, es probable que perdamos el interés, (especialmente, contextualizándonos en el apogeo de Instagram y la era de la sobreinformación). Pero si dejamos abrir el libro pongamos que por la página 38 y encontramos unas líneas que nos hablan de alegría, amor, rabia, enfado, la risa hasta el llanto y el llanto hasta la risa, el sudor frío que precede al pánico, las mariposas en el estómago o el corazón a todo latir... es muy probable que queramos más.

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Podemos vivir tantas experiencias como queramos: siempre serán únicas y diferentes a las de cualquier otro ser. Y sin embargo, al final todos sentimos las mismas emociones. Todos conocemos el placentero dolor en la tripa de un ataque de risa, el reconfortante olor a café recién hecho por la mañana, la intensidad de una primera vez, el valor de recuperar algo que dábamos por perdido, la terrorífica certeza de entender el significado del “nunca” o la sensación de libertad plena al bailar, cantar, correr.

Las emociones nos hacen vibrar. Y son ellas quienes habitan ese lugar común entre escritor y lector, ese destino al que pueden llevar nuestras palabras, guiando a nuestro acompañante hacia un espacio en el que se reconozca y se refleje; no porque haya vivido lo mismo o siquiera similar, sino porque le haga viajar a una emoción que ya conoce. Porque por muy diferentes que seamos, nuestra forma de sentir es íntimamente parecida.

Y llegados a ese punto no importa si escribes los meses en mayúscula o minúsculas, si no diferencias el aun del aún, si los párrafos son demasiado cortos o todavía reniegas al sólo sin tilde. Porque lo que importa, al fin y al cabo, es emocionar.

 

¿Y la forma de escribir?

Ruego al usuario no me malinterprete. Las formas siempre importan, y al escribir importan mucho. Porque cuando escribimos, entregamos algo de nosotros y decidimos convertirlo en eterno. Y no sólo estamos hilando palabras. Estamos haciendo el amor en letras. Estamos manifestando nuestro ser y forma de expresión, así como un reflejo del mimo y el cuidado que ponemos en lo que hacemos, desenvolviéndonos sílaba a sílaba por un camino lleno de arte, gracia y firmeza, jugando con su ritmo y sonoridad, haciendo bella la gramática, bailando con cada pronombre y renamorándonos de nuestra lengua. 

 

Lo perfecto no es valiente

Si quieres escribir, simplemente escribe. Inspírate leyendo. Vuela allí donde sentiste. Recuerda que tu mensaje es excepcional. Dale cuerda a tus ideas, desarrolla con pasión. Déjalas enfriar y juega luego en el hacer y deshacer. Presta atención a las tildes y comas, entretente en el releer. Diviértete en el proceso y, una vez terminado, renuncia a la perfección. Lo personal siempre es imperfecto. Aunque para ser asumir esa imperfección hay que ser valiente. Hay que entregar un poquito del alma. Pero es ahí, y en ningún otro lugar, donde encontramos la emoción.

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Inspírate en tus pasiones. Busca tus propios métodos. Alimenta tu ambición. Investiga, sigue leyendo (acá te dejo otro recurso). Pero sobre todo, viaja a ese extraordinario lugar donde habitan las emociones. Hazlo cuando redactes tus ebooks o cuando escribas una postal, en tus notas en la nevera o incluso tus mensajes largos en whatsapp. Sé valiente. Deja que tus palabras te reflejen y te definan. Dales valor y atrévete a emocionar. A emocionar con letras, sí, con todas sus letras. 

Pruébalo y cuéntamelo. O mejor aún: escríbemelo.

 

Nueva llamada a la acción

Tags: Copywriting, inspiración, LEER, OH! Bjetivos

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