A finales de la década de los 80, el italiano Carlo Petrini , sociólogo, periodista y amante de la gastronomía, se convirtió casi sin darse cuenta en el padre del movimiento slow . Aunque su principal fin era el de hacer frente al boom de la comida rápida, basada en modelos estandarizados en contraposición a los valores tradicionales mediterráneos, esta filosofía ha continuado extendiéndose a casi cualquier ámbito que se nos ocurra ( slow food, slow tourism, slow clothes, slow life... ), reivindicando los ritmos vitales lentos y meditados para aumentar la consciencia y el valor de cada momento.